martes, 20 de marzo de 2012

2 CARTA A LOS CORINTIOS. V. LA COLECTA PARA JERUSALÉN. 8,1-15.

8           1Quiero que conozcáis, hermanos, el favor que Dios ha hecho a las comunidades de Macedonia, 2pues, en medio de una dificultad que los pone a dura prueba, su desbordante alegría y su extrema pobreza se han volcado con ese derroche de generosidad. 5Hicieron todo lo que podían, yo soy testigo, incluso más de lo que podían; 4espontáneamente me pidieron con mucha insistencia el favor de poder contribuir en la prestación a los consagrados. 5Superaron mis previsiones, porque ante todo se dieron ellos personalmente al Señor y a nosotros, como Dios quería, 6hasta tal punto que le he pedido a Tito que, lo mismo que él empezó la cosa, dé el último toque ahí entre vosotros a esta obra de caridad.
               7Tenéis abundancia de todo: de fe, de dones de palabra, de conocimiento, de empeño para todo y de ese amor vuestro por mí: pues que sea también abundante vuestro donativo. 8No es que os lo mande; os hablo de empeño que ponen otros para comprobar si vuestra caridad es genuina; 9porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor, Jesús Mesías: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. 10En este asunto doy sólo un consejo; os viene muy bien, pues hace ya un año que tomasteis la iniciativa, no sólo en la ejecución, sino en el propósito; terminad ahora la ejecución, 11de modo que el término corresponda a la buena voluntad del propósito; según vuestros medios, 12pues donde hay buena voluntad se la acepta con lo que tenga, sin pedir imposibles. 13No se trata de aliviar a otros pasando vosotros estrecheces, sino que, por exigencia de la igualdad, 14en el momento actual vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen, para que un día la abundancia de ellos remedie vuestra falta, y así haya igualdad, 15como dice la Escritura: "Al que recogía mucho no le sobraba y al que recogía poco no le faltaba" (Éx 16,18).

EXPLICACIÓN.

1-15.        Pablo trata la cuestión de la colecta indirectamente, proponiendo el ejemplo de los macedonios. Estos, que por su pobreza habrían tenido razón para no contribuir, han pedido en cambio insistentemente poder hacerlo. Tal generosidad (cf. 9,1-5; Flp 4,10-18) anima a Pablo a mandar a Tito a Corinto, para acelerar la recogida de fondos (1-6).

                Exhortación a que sean generosos (7). Aduce, en primer lugar, el ejemplo del Señor: su generosidad sin límites es norma para el cristiano (8-9). Les pide también que muestren su coherencia con el propósito inicial (10-12). Apela finalmente al principio de igualdad; la situación económica de la comunidad de Corinto es mejor que la de Jerusalén; la solidaridad se impone. Cita de Éx 16,18; igual ración de maná para todos (13-15).

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