11Sabiendo, pues, el respeto que se debe al Señor, trato de sincerarme con los hombres, pues Dios me ve como soy, y espero que cada uno de vosotros tenga conciencia de lo que soy.
12No me estoy recomendando otra vez ante vosotros, estoy dándoos argumentos para que presumáis de mí; así tendréis algo que responder a los que presumen de apariencias y no de lo que hay dentro. 13Porque, si perdí el juicio, fue por Dios; si estoy en mis cabales, es por vosotros. 14Es que el amor del Mesías no nos deja escapatoria, cuando pensamos que uno murió por todos; 15con eso, todos y cada uno han muerto; es decir, murió por todos para que los que viven ya no vivan más para sí mismos, sino para el que murió y resucitó por ellos.
16Por consiguiente, nosotros ya no apreciamos a nadie por la apariencia y, aunque una vez valoramos al Mesías por la apariencia, ahora ya no. 17Por consiguiente, donde hay un cristiano, hay humanidad nueva; lo viejo ha pasado; mirad, existe algo nuevo.
EXPLICACIÓN.
11-17. Lo que vale es lo que uno es realmente, no lo que aparenta. Sabiendo que es conocido por Dios, resulta necio pretender simular ante los hombres (11).
Quiere dar a los corintios un criterio para distinguir entre él y sus adversarios, que cultivan las apariencias (12). Si perdí el juicio, posible alusión a pasajes de la carta "de las lágrimas" (cf. 11,1.16ss) (13). La experiencia del amor de Jesús, que dio la vida por él (cf. Gál 2,20), no le permite más conducta que la del amor, y éste no es una apariencia. El propósito y el resultado de la muerte de Jesús Mesías fue que los hombres renunciaran al egoísmo; deben estar centrados en Jesús, que les demostró y les sigue demostrando su amor (14-15).
No hay que juzgar, por tanto por la apariencia ni con criterios mundanos. Lo que cuenta es la nueva humanidad (cf. Rom 8,19; Gál 6,15), la pertenencia a un orden nuevo (Is 43,18) (16-17).
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